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El Clásico del Sur

La ciudad de Banfield se encuentra ubicada en la República Argentina, en la Provincia de Buenos Aires, dentro del denominado conurbano bonaerense, también conocido como el Gran Buenos Aires. Se ubica dentro del Partido de Lomas de Zamora, en la zona sur del Gran Buenos Aires a quince kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Capital Federal.

Con 223.898 habitantes, la ciudad de Banfield es la ciudad más poblada en el partido, ya que suma casi el doble que Lomas de Zamora y Temperley, y comprende casi un 38% de la población total del mismo.

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Con una modesta casilla de madera emplazada en la que hoy es la Estación de tren de Banfield se da inicio a la historia de la ciudad, debido a un fenómeno mortífero como la fiebre amarilla de 1871, comienzan a emigrar desde la ciudad de Buenos Aires varias familias de una incipiente clase media de bajos recursos que se dirigen a vivir a lo que acabaría siendo Banfield.

Por otra parte, Lanús es una ciudad de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Es cabecera del partido homónimo, ubicado dentro del Gran Buenos Aires. Se divide en dos localidades: Lanús Este y Lanús Oeste. Actualmente la ciudad cuenta con 212.152 habitantes.

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El partido de Lanús debe su nombre al terrateniente Anacarsis Lanús (1820-1888), nacido en 14 de noviembre de 1820 en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Lanús adquirió tierras del actual distrito con la intención de fundar un pueblo, construyendo su casa-quinta sobre el Camino Real, frente a la actual estación de tren.

Ambas ciudades de la conurbación sur bonaerense, Banfield y Lanús, son muy conocidas dentro del mundo del fútbol argentino por ser sede de dos equipos habituales desde hace años de la Primera División del país, dos escuadras de nombre homónimo a las ciudades que representan. El C.A. Banfield y el C.A. Lanús disputan el partido de máxima rivalidad conocido en Argentina como “El Clásico del Sur“.

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La rivalidad entre el Granate (Lanús) y el Taladro (Banfield), se alimenta principalmente, por la cercanía entre ambos, que hace que el encuentro sea sentido como un importante enfrentamiento deportivo entre el partido de Lanús y la localidad de Banfield, pero que realmente se comenzó a vivir como tal a a partir de la década de los años 90, momento en el cual el crecimiento de ambos clubes los convirtió en equipos representativos de la Zona Sur bonaerense, y como consecuencia se acrecentó la rivalidad.

Ubicados ambos clubes en el sur del conurbano bonaerense, estando sus estadios a aproximadamente 4 kilómetros de distancia, separados tan solo por la localidad de Remedios de Escalada. Esta cercanía genera, en torno a cada encuentro, una gran expectativa en las hinchadas de ambos equipos.

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En las décadas de los años 60 y 70, ambas facciones eran amigas. Los viejos rivales de ambos clubes eran el Los Andes para Banfield, de la ciudad de Lomas de Zamora, y Talleres de Remedios de Escalada (otro equipo representativo del partido de Lanús) para Lanús (rivales a pesar de su fusión, para participar en Primera División, en 1934). Ambos equipos (el Taladro y el Granate) siguen conservando estas rivalidades, a pesar de que no han vuelto a enfrentarse desde hace años

Banfield y Lanús en la década de los años 80 disputaban el Nacional B, y no tenían una fuerte rivalidad entre ellos, ya que enfrentaban habitualmente a sus históricos rivales ( Los Andes y Talleres). No obstante, es a partir de esa década que comenzó a gestarse la rivalidad. Durante finales de los 80 y comienzos de los 90, eran los animadores de los torneos del Nacional B, hasta que Lanús primero en 1992, y Banfield después en 1993, consiguieron sus respectivos ascensos a Primera División.

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La permanencia en la A, y el crecimiento institucional de ambos clubes cimentó la rivalidad. Si bien el Taladro sufrió dos descensos durante este período, no tardó demasiado en retornar a la máxima categoría, habiendo sido disputados desde los90 hasta la actualidad, 35 clásicos en la Primera División del fútbol Argentino.

Esto ha permitido consolidarlo, también a través de la repercusión mediática fruto de la presencia de ambas instituciones en la máxima categoría y de la gravitación que han tenido tanto en el plano local como internacional estos partidos de máxima rivalidad.

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La historia del C.A. Banfield comienza en 1986, aunque sus orígenes se sitúan en la segunda mitad de la década de 1880, cuando numerosas familias de origen anglosajón se radicaron en el pueblo de Banfield, situado a 14 kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires. Estas familias, con sus casas al estilo de las villas inglesas y su dinámica social victoriana, le dieron al suburbio un perfil netamente británico.

El 21 de enero de 1896, un grupo de profesionales y comerciantes ingleses residentes en Banfield decidieron fundar un club al que bautizaron con el nombre del pueblo. Este nombre respondía al de la estación del ferrocarril, establecida en 1873 en honor a Edward Banfield, primer gerente de la empresa Gran Ferrocarril Sur. A la cabeza del grupo de fundadores estaban Daniel Kingsland y George Burton, primeros presidente y vicepresidentes del club. Kingsland era exportador de ganado a Gran Bretaña y Burton un contador graduado en Cambridge.

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El club nació como una institución destinada para cumplir un rol social por encima de lo deportivo y como partido inaugural el 26 de enero se disputó un encuentro de cricket, deporte del que era fanático el presidente Kingsland. La primera cancha del club fue un descampado destinado al pastoreo ubicado a dos cuadras al norte de la estación del ferrocarril, junto a las vías sobre el lado este.

Banfield no obtuvo su primer título de la máxima categoría hasta el año 2009, al consagrarse campeón del Torneo Apertura. También logró una copa nacional oficial durante la era amateur (la Copa de Honor Municipalidad de Buenos Aires, conquistada en 1920) y 10 títulos en Segunda División, contabilizando los logrados en ambas eras (recordemos que en Argentina se divide los torneos en dos épocas: la amateur y la profesional). En total ha disputado 48 temporadas en la máxima categoría del fútbol argentino desde la implantación del profesionalismo en 1931.

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Por otra parte, el Club Atlético Lanús fue fundado el 3 de enero de 1915. El nombre proviene originalmente, como señalamos anteriormente, de Anacarsis Lanús, quien llegó desde Francia en 1854 y adquiere los terrenos donde hoy se erige la zona céntrica de la ciudad. Fundó un pueblo con su nombre, Lanús, en las afueras de la ciudad de Buenos Aires, que hoy es uno de los partidos más poblados del Gran Buenos Aires y en donde se encuentra el Club Atlético Lanús.

Dos instituciones utilizan el nombre previamente. Por un lado, el Lanús Athletic Club, que en 1897 comienza a participar del joven torneo de Primera División, aunque lo abandona en 1899. Más tarde, aparece el club Lanús United, que participa de la Copa de la Federación Argentina en los años 1913 y 1914.

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Existen varias versiones sobre los orígenes del club. La más aceptada indica que el Club Lanús surge de la propia convocatoria que un un grupo de vecinos hiciera a efectos de satisfacer necesidades insatisfechas hacia su localidad. El pueblo de Villa Gral. Paz (hoy Lanús), que se encontraba dentro del municipio de Barracas al Sud (hoy Avellaneda), se sentía bastante olvidado y desplazado. Esa sensación se acrecentaría aún más en 1915 con la crecida e inundación del Riachuelo, que generaría un terraplén, aislándola de la Capital Federal.

Además, la población necesitaba nuevas ubicaciones para realizar actividades sociales o deportivas, y las pocas que había eran inaccesibles. Por el lado de los vecinos, las agrupaciones deportivas se organizaban desde intereses comunes.

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Por su ubicación, el viejo Ferrocarril Sud era la opción para salir del Partido, y las tres líneas de tranvías tiradas a caballos que cruzaban las calles de la villa impedían que grandes muchedumbres se desplazaran. Esto fue propicio para que, desde el mismo grupo de vecinos, se animaran a crear una nueva entidad teniendo en cuenta las necesidades de la zona. Es como surge el Lanús.

En su historia el C.A. Lanús ha obtenido dos títulos de Primera División: el Torneo Apertura 2007 y el Campeonato de Primera División 2016; una copa nacional: la Copa Bicentenario 2016; y dos títulos oficiales a nivel internacional: la Copa Conmebol (torneo oficial precursor de la actual Copa Sudamericana) de 1996 y la Copa Sudamericana de 2013. También fue subcampeón de la Copa Conmebol de 1997, y de la máxima categoría del fútbol argentino en cinco oportunidades. En total ha disputado 65 temporadas en la máxima categoría del fútbol argentino desde que comenzara la era profesional en el año 1931.

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Centrándonos en el capítulo de las hinchadas de ambos clubes, la barra brava de Banfield se llama La Banda del Sur, mientras que el mote del equipo es El Taladro. La barra brava de Lanús es conocida como La Barra 14, mientras que al equipo se le conoce como El Granate.

Vídeo-montaje argentino sobre el duelo de hinchadas en “El Clásico del Sur”, el derbi de la zona sur del Gran Buenos Aires;

De verde y gloria: el Ferro de Griguol

El 30 de Mayo de 1984, en el templo de madera de Caballito, Ferro tocaba el cielo. Se había hecho tan grande que los millonarios de River preferían la espantada que la disputa. El 24 de ese mismo mes la Locomotora del Oeste les había pasado por encima en el Monumental. 0-3 para decidir la final de un Nacional inédito que se había jugado por grupos y cruces desde octavos de final.

En la vuelta, ya con 1-0, la barra de River reventó el partido, otro baile, y lo hizo terminar antes del 90. El campeón soy yo, dijo Griguol desafiando el descrédito de la prensa. Hasta River le había pedido tregua.

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Carlos Timoteo Griguol llegó en 1979, o más bien lo trajo Santiago Leyden, presidente legendario entre el 63 y el 93, para ordenar la sección de fútbol del club y dotarla de una identidad. Fundado en 1904 por los trabajadores del ferrocarril, el club se transformó en epicentro de un barrio de clase media. Era la institución vertebral de una zona urbana en expansión. Pese a que la sección de fútbol está presente en la fundación de la liga profesional en 1931, Ferro será fuerte en otros deportes como el balonmano o, en especial, el baloncesto.

Fundador de ambas ligas y laureado por igual, era la sección de baloncesto liderada por el técnico León Najnudel la que había dado prestigio y proyección a Ferro; la que aglutinaba al barrio y simbolizaba el orgullo de pertenencia. Eso era lo que Leyden quería para el equipo de fútbol; y Griguol lo entendió a la primera.

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Con su gorra y su aspecto de tío de cualquiera o de padre severo pero tierno, Griguol se convirtió en Ferro y rehízo al Verdolaga a su imagen. En los 60 había sido volante de Atlanta y Rosario Central, donde se retiró para convertirse de inmediato en primer entrenador. Entre el 71 y el 73 ya había desafiado al orden establecido con un equipo campeón al que bautizaron como Los picapedreros. Después había dado vueltas sin encontrar lugar entre Tecos de Guadalajara, Central y Kimberley hasta la llamada de Leyden y Ferro.

Griguol, como lo será su Ferro, parecía menos de lo que era. Bajo su aspecto se escondía un entrenador sofisticado, donde convivía el padre y el profesor, el estudioso y el zorro. Intuitivo y riguroso por igual, conocía a los jugadores como a la palma de su mismísima mano, pero también conocía el juego y al contrario que otros técnicos argentinos ni se había quedado estancado, ni se había enredado en batallas pírricas. Najnudel se convirtió en su guía en el club y de su trabajo táctico entresacó todo lo que pudo.

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De la sección de baloncesto no solo se llevó conceptos, sino también al preparador físico Luis María Bonini, luego colaborador de Marcelo Bielsa durante veinte años, entre Newell’s y Athletic de Bilbao.

Ferro se modernizó en el primer quinquenio de los 80 mientras los grandes imponían los Promedios (o los Promiedos, como los rebautizó la afición) para así intentar garantizarse la presencia en la 1ª. Boca y River (que en los 2000 llegará a descender) lo consiguieron, no así San Lorenzo y Racing. Independiente, en cambio, vive una de sus grande épocas cosido a la bota sabia de Bochini. Frente a ellos, las apariciones rebeldes de Argentinos Juniors, Quilmes, Estudiantes y, claro, Ferro.

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En el 81 quedará subcampeón tanto del Nacional como del Metropolitano. En el 82 derrotará a Quilmes en la final del Nacional saliendo campeón invicto. En el 83 será tercero del metropolitano y en el 84 campeón del Nacional y subcampeón del Metropolitano tras perder contra Argentinos Juniors.

Ferro se hizo la casa de los jugadores. Y la casa se la respeta. Concentraciones, trabajo, sistematización, humildad. Como en el Liverpool de Bill Shankly, la ostentación estaba censurada. El jugador era otro del barrio. Uno al que miraban, uno que significaba algo. Las casa, los coches… todo pasaba por ese filtro. Griguol les metía en la cabeza que no ganaban tanto como pensaban, que había que vivir despacio y simple y pensar más allá de mañana como hacía la gente que les animaba cada partido.

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En el 83, Griguol había perdido a su mano derecha en el campo. El 5 de Ferro, la camiseta encarnada en jugador, Cacho Saccardi, se lesiona en una rodilla y debe retirarse del juego para siempre. La depresión del equipo se refleja en un año decepcionante. La fuerza del mismo en la resurrección del curso siguiente. Creyentes en la fuerza del grupo, Ferro se sobrepone. Saccardi había regresado a Ferro tras un paso por el Hércules sin nada que contar y  fue el ejemplo para los demás. Su imagen con la cabeza abierta se transformó en icono de la grada. Sangre sobre la camiseta verde.

Ferro no andaba sobrado de figuras, pero tampoco era un equipo de cualquieras. Garré, su lateral izquierdo sería campeón en México 86 y el centro de la defensa era impenetrable con Marchesini y Cúper, quien además era el ariete de las jugas de estrategia, el arma más demoledora de Ferro. Griguol cogió a todos con el pie cambiado en el fútbol de pizarra. Sus ataques de diseño eran imparables y hablan de un equipo complejo, lejos del antirrelato de los medios.

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El ruso Nuremberg, un clásico volante de ida y vuelta, Brandoni o el goleador paraguayo Cañete eran otros de los nombres importantes de una escuadra mecanizada que rodeaba el individuo singular: Beto Márcico.

Márcico es, literalmente, el jugador de la calle. Griguol lo ve jugar en un potrero y lo ficha de inmediato. De inmediato, también, le demuestra que el campo grande no es lo mismo que la calle y empieza  a construirlo como jugador de fútbol. Marcico, genio modesto, se deja modelar hasta convertirse en la gota de magia, en lo inesperado del fútbol artesano de Ferro.

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El Beto Mágico, como lo rebautizará Víctor Hugo Morales, es el Maradona del oeste, el gran diez de su generación siempre postergado que triunfará en Toulouse y regresará a Argentina para juagar en Boca Juniors y levantar tres títulos. A punto de retirarse 1996, Griguol lo llama desde Gimnasia y Esgrima. Márcico, leal, jugó allí dos años y fue subcampeón del Clausura tras Vélez.

El trabajo con Márcico ejemplifica el ascendente de Griguol en Ferro. Los jugadores le veneraban. Había establecido con ellos y respecto al club un vínculo indestructible de pertenencia; un orgullo y una responsabilidad. Dice el propio Márcico que sentían que al viejo no le podían fallar. Griguol conducía y se conducía con sencillez.

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El disfraz le servía para ello. Inculcaba en todo un sentido profundo del oficio, del ser profesional. Solidaridad, limpieza, orden. Los jugadores eran castigados por las tarjetas que recibía, por perder tiempo, por protestar al árbitro…Griguol odiaba los atajos. Y el fútbol argentino está lleno de ellos. Su idea era que los jugadores eran ejemplos los unos para los otros.

El juego honrado de Ferro reflejaba el ideario de Griguol y su doble vertiente: la astucia y la elaboración. Con un trabajo de fondo, físico y táctico, superior al resto de equipos, Ferro llegó a domesticar el juego. No era un equipo defensivo, era uno que defendía bien: lejos de la portería propia. Era un bloque acorazado que se desplegaba a toda velocidad. Estaba construido para el contragolpe, lo cual le hacía temible como visitante, pero no defendía abajo, sino en todo el campo. Dominador desde el espacio, Ferro aceleraba y ralentizaba a voluntad. Era una tela de araña, elástica y elegante.

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Esa final del año 84 la obra maestra de Griguol. Ferro jugaba solo, de memoria, todos para todos y cada uno para el de al lado. La camiseta, la cancha, el barrio. El equipo más odiado de Argentina. Ferro no tenía relato, su fútbol austero no admitía la hipérbole de la crónica literaria argentina. Ganaba porque jugaba mejor; no porque lo fuese, sino porque lo jugaba. Ferro era lo que hacía. La palabra y el gesto eran lo mismo; sin revés, sin doblez.

No sabían cómo contar aquel equipo sobrio en el fútbol dual de la época. ¿Dónde quedaba Ferro entre los poetas y los asesinos? Ni era romántico ni era ventajista. Era una tercera vía entre el Huracán de Menotti y el Estudiantes de La Plata de Bilardo. Ni lírico, ni áspero. En el contexto del fútbol argentino de la primera mitad de los 80 aquello no podía ser más contracultural. Entre esos extremos, por la vereda de en medio, se coló Griguol instaurando una cátedra que recogerán Bielsa, Cúper, Sampaoli o Berizzo. Un fútbol del sudor colectivo. Un juego basado en la honestidad.

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Ferro era así el contrapoder. No solo enfrentaba al equipo grande, sino también a la maquinaria propagandística. Esa misma que había abrazado a Argentinos Juniors, el equipo de Maradona, el pequeño simpático, como la única alternativa legítima. La prensa odiaba a Griguol y su Ferro porque era el invitado indeseado. No vendía. No era comercial. Lo decretaron el antifútbol.

Cantaba la grada de “El Templo: “Dicen que somos un equipo aburrido/que jugamos la pelota para atrás/me chupa un güevo todo el periodismo/a Caballito cada vez lo quiero más”.

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El Clásico Santafesino

Santa Fe es una ciudad histórica de Argentina. Fue fundada en 1573 por Juan de Garay y es una de las primeras urbanizaciones del Río de la Plata. Su condición de ciudad-puerto y capital de provincia le da una particular vida económica y social.

Santa Fe de la Vera Cruz (nombre completo y oficial de la ciudad) es la capital de la provincia de Santa Fe y la octava ciudad más poblada de Argentina. Está situada en la región centro-este del país, a orillas de la laguna Setúbal, del río Santa Fe y del río Salado. Esta región recibe una marcada influencia climática del río Paraná.

El Clásico Santafesino

Santa Fe tiene una población de 391.231 habitantes, y su área metropolitana asciende a 490.000 habitantes. Junto al Gran Paraná conforman un área urbana de más de 850.000 habitantes, unidas por un túnel que atraviesa el río Paraná.

En Santa Fe ocurrieron hechos de relevancia histórica, como la firma de la Constitución Argentina y todas sus reformas. Por ello se conoce a la ciudad como la “Cuna de la Constitución”. Otro de sus apodos es “La Cordial”.

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La ciudad tiene varios puntos históricos y culturales. El Camino de la Constitución es un recorrido por los lugares donde se pudo hacer posible la firma de la Constitución de Argentina. El Puente colgante de Santa Fe es un importante ícono localizado en el acceso este, sobre la laguna Setúbal.

El Clásico Santafesino, también conocido como el Superclásico Santafesino, es como habitualmente se denomina al partido del fútbol argentino que enfrenta a los dos clubes más importantes de la ciudad de Santa Fe: el Club Atlético Colón y el Club Atlético Unión.

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Según varios estudios vinculados a la investigación social en el fútbol, Santa Fe es una de las pocas ciudades del país, como ocurre en el Clásico Rosarino, donde los clubes locales superan en popularidad a Boca Juniors y a River Plate; los dos equipos más populares de Argentina.

Siendo el clásico más parejo de Argentina, hasta la fecha ambos equipos se han enfrentado en Primera División argentina y también en Segunda División un total de 84 veces, de los cuales Colón ganó 26, Unión ganó 26 y empataron 32 veces.

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El Club Atlético Colón fue fundado el 5 de mayo de 1905, y fue concebido bajo el nombre de «Colón Foot-Ball Club» hasta que en el año 1920 se decide adoptar el nombre actual.

Nació originalmente como un club de fútbol y es la principal actividad que se lleva a cabo a nivel profesional desde entonces, pero hoy en día en el club también se practican otras disciplinas como baloncesto, voleibol, boxeo, fútbol sala, entre otros. Su sede, su estadio e instalaciones deportivas se ubican en la ciudad de Santa Fe, dentro del Barrio Fonavi Centenario, en la intersección de las calles Juan José Paso y Bulevar Zavalla.

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El club posee también unos campos de entrenamiento llamados «Ciudad Fútbol», una pensión para los chicos de las inferiores provenientes de otras regiones de la Argentina llamada «Casa Fútbol» -ambos ubicados en el km 154 de la Autopista Rosario-Santa Fe- y un hotel de 4 estrellas llamado «Hotel De Campo Colón» emplazado en el km 157 de la dicha autopista.

El estadio de fútbol tiene capacidad para 37.000 espectadores sentados y para 47.000 personas en total, y lleva el nombre oficial de Estadio Brigadier General Estanislao López, en honor al caudillo argentino, gobernador de la Provincia de Santa Fe entre 1818 y 1838, y es también conocido popularmente como “El Cementerio de los Elefantes”.

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El club se afilió a la AFA en 1948, y en 1965 ganó por primera vez el ascenso a la Primera División, convirtiéndose así en el primer equipo de Santa Fe en ascender a la máxima categoría del Fútbol Argentino. Colón es también el equipo santafesino que más años consecutivos logró mantenerse en Primera División, y fue el primero y único de la ciudad en participar en Copas internacionales.

A lo largo de la historia de Colón han salido de su cantera jugadores como Pedro Pasculli (campeón del mundo con la Selección Argentina en México 1986), Ernesto “Cococho” Álvarez, Adrián Marini, “Bambi” Aráoz, Enzo Trossero y Hugo Villaverde, quienes hicieron dupla defensiva en los años de gloria del Club Atlético Independiente.

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Dentro de los logros deportivos de la institución se encuentran (además de los campeonatos a nivel regional): la obtención de la Copa de Honor de Primera B “Juan Domingo Perón” en 1950, el campeonato de Segunda División Argentina en 1965 y tres sub-campeonatos de Primera División Argentina (en 1997, 2000 y en 2011).

Además de la participación en 5 Copas internacionales de la Conmebol (Copa Conmebol 1997, Copa Libertadores 1998, Copa Sudamericana 2003, Copa Libertadores 2010 y Copa Sudamericana 2012), logrando el 3° lugar en una de ellas.

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El otro protagonista del Clásico Santefesino, el Club Atlético Unión, fue fundado el 15 de abril de 1907. Por su ubicación física en la ciudad, en la intersección de Bv. Pellegrini y Av. López y Planes (importantes avenidas de la ciudad), se lo conoce como el “Club de la avenida”. Los colores del club son el rojo y el blanco a rayas verticales.

En lo que respecta al fútbol profesional, el club se afilió a la AFA en 1940 y en 1966 ganó por primera vez el ascenso a la Primera División. Jugó allí varios años, alternando con algunos períodos en Segunda División.

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En el año 1979, Unión logró su mejor clasificación en la Primera División argentina, llegando a la final del Nacional de 1979 junto con River Plate. El club no logró el título ya que los resultados fueron: 1-1 en Santa Fe y 0-0 Buenos Aires, debido a la regla de que el gol de visitante valía doble.

A lo largo de su historia han salido de su cantera jugadores que son ídolos e hicieron historia con la Selección Argentina. Ellos son: Leopoldo Luque, Nery Pumpido, Federico Wilde, Alberto Galateo, Ricardo Altamirano, Alberto Acosta y Martín Perezlindo.

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Otros ídolos de la institución son Fernando Alí, José Luis Marzo, Mario Alberto, Víctor Bottaniz, Pablo de las Mercedes Cárdenas, Leonardo Madelón (quien ascendió a Primera División en dos oportunidades, una como jugador y otra como entrenador), Ramón Centurión, entre otros.

También, en el club se practican otras disciplinas como baloncesto, voleibol, patín, fútbol sala, kárate, natación o gimnasia deportiva. Pero el más practicado después del fútbol es el baloncesto, cuyo equipo salió campeón del Campeonato Argentino de Clubes en 1943 y en 1969 y participa actualmente en el TNA de la Liga Nacional. Carlos Delfino, jugador de la NBA y campeón olímpico con la Selección Argentina en Atenas 2004, comenzó su carrera allí.

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Centrándonos en el capítulo de las hinchadas de ambos clubes, la barra brava de Colón se llama Los De Siempre, mientras que el mote del equipo es El Sabalero. La barra brava de Unión es conocida como La Barra de La Bomba, a los hinchas en general se les conoce como Los Tatengues.

Vídeo de un Clásico Santafesino en donde se puede apreciar el ambiente característico de estos enfrentamientos entre eternos rivales ciudadanos de la ciudad de Santa Fe;

El Clásico Cordobés

La ciudad de Córdoba (Argentina) fue fundada el 6 de julio de 1573 por Jerónimo Luis de Cabrera, nacido en Sevilla (España), perteneciente a la corriente colonizadora del Perú. La nueva población quedaba incorporada a la Provincia del Tucumán, con la misión de proveer de alimentos, vestidos y ganado mular al centro minero de Potosí y ser un punto estratégico de escala entre el Alto Perú y el Río de la Plata.

El lugar estaba habitado por los aborígenes comechingones, que vivían en comunidades denominadas ayllus. Hacia 1608 se estableció el Colegio Máximo, de los Padres jesuitas, y cinco años después se instalaba la Universidad, una de las más antiguas de América. La década de 1880 acelera el proceso de desarrollo urbano. Los funcionarios y hombres de negocios estarán comprometidos con el proyecto liberal, inmersos en una actividad que solo sufrirá una interrupción a finales del siglo XIX.

El Clásico Cordobés

Actualmente Córdoba, conocida también como La Docta, es la ciudad capital de la provincia de Córdoba (Argentina). Se encuentra ubicada en la región central del país, a ambas orillas del río Suquía. Es la segunda ciudad más poblada (1.390.604 habitantes) después de Buenos Aires y la más extensa del país. Córdoba se constituye en un importante centro cultural, económico, educativo, financiero y de entretenimiento de la región.

El Clásico Cordobés es como habitualmente se denomina al partido del fútbol argentino que enfrenta a los dos clubes más importantes de la ciudad de Córdoba: Talleres y Belgrano. El primer encuentro que enfrentó a ambos data del 17 de mayo de 1914 y finalizó con victoria de Belgrano por 1 a 0.

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Belgrano comienza su historia un 19 de marzo de 1905, los hermanos Lascano, Oviedo Bustos, Bazán, Alfonso, José Piñeiro, el Gral. Ponce de León y Arturo Orgaz junto con tres de sus familiares, fundan oficialmente el Club Atlético Belgrano en honor al General Manuel Belgrano, prócer nacional y creador de la bandera argentina. Esta era una institución que se venía formando desde 1903 pero que se oficializó dos años después en pleno Barrio de Alberdi.

Quizás sin saberlo, este grupo de jóvenes deportistas sentaba las bases de lo que sería el primer gran protagonista del fútbol cordobés, una entidad que empezó a aglutinar a la mayoría de la afición cordobesa apasionada de este deporte.

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El color que lo identifica es el celeste, con detalles blancos, con los cuales fueron diseñados el escudo y la camiseta, haciendo alusión a los colores patrios argentinos. Su estadio es el Julio César Villagra, popularmente conocido como “El Gigante de Alberdi”, que se encuentra ubicado en Barrio Alberdi, en la zona céntrica de la ciudad de Córdoba.

Comenzó su actividad futbolística en 1913, siendo parte de la Liga Cordobesa de Fútbol donde disputó sus primeros campeonatos organizados y hasta la fecha de hoy, es el equipo cordobés más ganador con 31 campeonatos. En 1968 accedió a los Torneos Nacionales de AFA tras ganar el campeonato regional de manera invicta. Desde entonces, registra 25 participaciones en la Primera División y 15 en la Segunda División.

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Su momento de mayor trascendencia mundial fue a mediados de 2011 cuando ascendió nuevamente a la máxima categoría, al derrotar en la Promoción a River Plate. Tras ese logro, se consolidó de tal manera en la Primera que salió cuarto en el Apertura 2011 y tercero en el de 2012, con el mérito de igualar en puntos, en ambos casos, al subcampeón aunque con peor diferencia de goles.

Con esta última campaña, se transformó en el equipo de la ciudad de Córdoba, cosechando el mejor campeonato realizado en la historia de los torneos cortos de todos los equipos de dicha urbe argentina.

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En el Clásico Cordobés, con 389 partidos disputados (contando partidos oficiales y amistosos) existe una leve ventaja a favor de Belgrano en el historial. También tiene rivalidad con otro equipo de la ciudad; Instituto de Córdoba, con quien disputa el segundo clásico más importante de la capital cordobesa.

Belgrano es el tercer club indirectamente afiliado en jugar copas internacionales y, después de Talleres, el que más copas internacionales jugó en Córdoba. De sus cantera han salido jugadores como: José Luis Villarreal, Juan Carlos Heredia, Juan Carlos Mamelli, Bernardo Cos, Miguel Antonio Juárez, José María Suárez, Carlos Bossio, Roberto Monserrat, Matías Suárez, Mario Bolatti, Franco Vázquez, entre otros.

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La historia de Talleres comienza en 1912, en ese año se disputaba el primer torneo oficial de la Federación Cordobesa de Football. En ese entonces, un grupo de jóvenes cordobeses, trabajadores del Ferrocarril Central Córdoba, deciden fundar, una institución para la práctica deportiva. El acto se llevó a cabo en la casa de la familia Salvatelli y el club fue denominado Atlético Talleres Central Córdoba.

En su historia participó de las semifinales de los torneos nacionales de 1976, 1978, 1982 y 1984. En 1974 se consagró cuarto y en 1975 sexto, en 1977 llegó a la final. En 1979 se clasificó a los cuartos de final. En 1978 los siguientes jugadores de Talleres integraron el plantel campeón del mundo de Argentina ellos eran: el arquero Chocolate” Baley, Luís Adolfo Galván, la “Cata” Oviedo, Alberto Tarantini “el Conejo y el Rana” José Daniel Valencia.

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Talleres logra su primer clasificación a un Nacional organizado por la AFA en el año 1969, luego también disputaría el Nacional de 1970 y luego volvería a jugarlo en 1974 disputando desde allí todos los Nacionales hasta el último organizado por la AFA (1985). Talleres es invitado en 1980 por la AFA a disputar los torneos Metropolitanos, y lo hace hasta el año 1993, cuando desciende por primera vez. Consigue volver a primera (Primera A) después del campeonato 1993-94 ganando el octogonal del torneo Nacional B de ese año nada menos que ante otro de los equipos de la ciudad; Instituto de Córdoba.

Vuelve a caer a Segunda después de una pobre actuación en el campeonato 1994-95. En el campeonato Nacional B 1995-96, el equipo termina primero en el Clausura 96, pero pierde el campeonato frente a Huracán de Corrientes quien de visitante en el Estadio Córdoba lo derrota y se corona como justo campeón luego de empatar en el campo de Huracán 2 a 2.

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En el Nacional B 1997-98, Talleres se consagra campeón y logra ascender a Primera ganándole la final a su clásico rival, Belgrano. En el año 1999 luego de una gran campaña, Talleres juega y gana el primer torneo internacional oficial de su historia, la copa Conmebol, siendo el primer y único equipo de su provincia en ganar un torneo internacional y el segundo del interior del país.

En la temporada 2001-2002, Talleres hizo la peor campaña de su historia, sumando 30 puntos entre el Apertura (13) y el Clausura (17). En la temporada 2002-2003, Talleres sumó 44 puntos y el pobre promedio lo obligó a jugar la Promoción contra San Martín (Mendoza) y la ganó (1-0 y 1-0), lo que le permitió quedarse en Primera, al menos por un año más.

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En la temporada 2003-2004, Talleres se jugaba más que nunca su permanencia en Primera. En el Apertura sólo sumó 24 puntos En el Clausura, Talleres fue el equipo revelación, cosechando 35 puntos(10 triunfos, 5 empates y 4 derrotas), ganándole incluso 3-2 a River (el equipo campeón) quedando en la tercera posición del campeonato. A pesar de haber sumado 59 puntos no pudo evitar jugar la Promoción nuevamente, esta vez ante Argentinos Juniors, perdiendo la categoría. Después vendría el triste descenso a Tercera.

La temporada del año 2015, para el Club Atlético Talleres, fue la sexta y última temporada del club en la tercera división del fútbol argentino. El equipo consiguió el objetivo de lograr el retorno a la Primera B Nacional y contó con el apoyo récord de 25.000 socios. A ese mismo partido asistieron aproximadamente 60.000 personas, una de las mayores cifras en la historia del club.

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En el apartado de las hinchadas de ambos clubes, la barra brava de Belgrano se llama Los Piratas Celestes de Alberdi (también llamada La Barra del Loco Tito), mientras que el mote del equipo es El Pirata. La barra brava de Talleres es conocida como La Fiel, a los hinchas en general se les conoce como Los Tallarines.

Vídeo de un Clásico Cordobés en donde se puede apreciar el tremendo ambiente que se respira en cada uno de los enfrentamientos entre Belgrano y Talleres;

Yo quiero ser Bochini

Ricardo Enrique Bochini, el Bocha, solo jugó un partido en el Mundial de 1986 que ganó la Argentina de Bilardo y Maradona. Saltó al campo en el minuto 85 en sustitución de Burruchaga, su compañero en Independiente. Maradona se le acercó cuando estaba en la banda y le dijo: “- Pase maestro, le estábamos esperando”.

Independiente de Avellaneda se fundó el 1 de Enero de 1905, aunque unos meses antes los jóvenes que lo constituyeron se habían independizado de A la Ciudad de Londres, la galería comercial para cuyo club jugaban.

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Tras esa fecha, las dos más importantes de la historia, gloriosa, del club, están relacionadas con Bochini: el 25 de Junio de 1972, cuando saltó al Monumentald de River Plate, y el 5 de mayo de 1991, cuando se retiró. Su último partido fue contra Estudiantes de La Plata.

Salió del campo lesionado y ya no volvió. 19 años de rojo. La camiseta de Independiente destiñó un poco cuando se la quitó para siempre.

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Independiente ya era un grande antes de Bochini. Con él, se hizo clásico, admirado, querido. La identidad del club de balón al piso y juego de combinaciones se convirtió en una fe. Bochini era su oficiante, la Doble Visera su templo. Pero Bochini predicaba en todos los campos, y en todos ellos tenía su congregación.

Bochini era el jugador ideal, el que todos querían y querían ser. Cuando le marcaba a Racing en El Cilindro, y sucedía tan a menudo que su primer gol en la Primera lo hizo allí, Bochini se daba la vuelta y se volvía a su parte del campo. Pensaba que ya era suficiente con haber hecho el gol; no hacía falta añadir insulto a la herida.

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Cuando jugó su partido 500 en 1986, portada en El Gráfico, el José Amalfinati, El Fortín de Velez le ovacionó. El blanco y azul se tiñeron de rojo mientras el Bocha saludaba sonriente a la grada. En Boca lo adoraban como si fuese un local, e incluso coqueteó a finales de los 80 con un traspaso cuando a los xeneizes los entrenaba Omar Pastoriza, su ex-compañero y ex-DT en Independiente.

Cuando en 1984 el gran Rojo de mitad de la década aplastaba al Liverpool en la Intercontinental jugada en Tokyo, aquella prolongación de la Malvinas por otros medio, todos los argentinos empujaban, tocaban y levitaban con Bochini.

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La camiseta del 10 era rojo puro, pero le pertenecía un poco a todos los argentinos. Tal vez porque su fútbol permaneció en el país, porque jugó siempre para los aficionados argentinos, secreto al resto del mundo. El genio doméstico, el mejor 10 que nunca viste.

En los 70, cuando apareció en aunque Independiente demoledor que coleccionaba Libertadores, cuatro consecutivas entre el 72 y el 75, Bochini era tan rápido que ni se le veía. Gambeteador y vertical al tiempo, desarrolló su estilo sutil y quirúrgico junto al mejor amigo que pudo tener: Daniel Bertoni.

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Extremo derecho, Bertoni era un maestro de la pared. Para Bochini, combinar con Bertoni era como hacerlo con un espejo. Entre ellos había telepatía. Parecían compartir pie, cerebro y una sensibilidad particular por el juego de pase. Una de sus largas jugadas destruyó a la Juventus en el final Intercontinental en Roma, tal vez el más brillante destello del Bocha que se pudo ver en Europa.

Era, aquel Bochini joven, la quintaesencia del jugador argentino: jugaba sobre el campo como lo hacía en el potrero. Pequeño y frágil, tenía que llegar antes y desaparecer rápido, tocar y salir, romper una fracción antes, mandarla al rincón. Bochini respetaba tanto a la pelota que nunca le pegaba: la acariciaba, le pedía amablemente que entrase en la portería: los mejores (y son casi todos) goles del Bocha son un pase a la red.

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Cuando Bochini perdió esa velocidad extra, transfiguró en un mejor futbolista. El balón, que corre más que ningún jugador, le hacía caso en todo y sus conocimientos del campo lo convertían en superior. Bochini retrocedió unos metros y conquisto la mitad de la cancha. Era un natural. Todo lo que hacía era lo más sencillo. Rápido y suave, hermoso sin caer en el arabesco, el exhibicionismo o la arrogancia. Era tan bueno que no sentía la necesidad de demostrarlo.

Aquel Independiente los rodeó de los mejor que nunca tuvo en el sitio donde se fabrica el fútbol: la clase de Burruchaga, el cerebro de Marangoni y el empuje de Giusti. Bochici, de quien se decía que hacía goleador a cualquiera, hizo parecer a Percudani un Arsenio Enrico revivido.

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Era una falta de respeto fallar un balón puesto por el 10; ni el juego ni Bochini se lo merecía y los delanteros lo entendían así. Aquel Independiente era el último ejemplar vivo de la edad lírica del fútbol argentino de los 70, el que su propia tradición representaba y que el Huracán de Menotti y su selección había llevado a un punto de debate nacional, opuesto al Bilardo de Estudiantes y la selección del 86.

Bochini encarnaba, con su tipo de jugador atemporal, una honestidad y una ética que no era solo futbolística, sino vital: una manera de estar. Bochini no engañaba porque la pelota es sincera. Su palmarés, impresionante, hizo que esta manera de interpretar no fuese un brindis al sol. Valía pagar la entrada para ver a Bochini, porque en todo partido y todo campo dejaba algo de verdad; pero también retribuía la fidelidad al final de casi cada curso en la forma de un nuevo trofeo.

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