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De verde y gloria: el Ferro de Griguol

El 30 de Mayo de 1984, en el templo de madera de Caballito, Ferro tocaba el cielo. Se había hecho tan grande que los millonarios de River preferían la espantada que la disputa. El 24 de ese mismo mes la Locomotora del Oeste les había pasado por encima en el Monumental. 0-3 para decidir la final de un Nacional inédito que se había jugado por grupos y cruces desde octavos de final.

En la vuelta, ya con 1-0, la barra de River reventó el partido, otro baile, y lo hizo terminar antes del 90. El campeón soy yo, dijo Griguol desafiando el descrédito de la prensa. Hasta River le había pedido tregua.

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Carlos Timoteo Griguol llegó en 1979, o más bien lo trajo Santiago Leyden, presidente legendario entre el 63 y el 93, para ordenar la sección de fútbol del club y dotarla de una identidad. Fundado en 1904 por los trabajadores del ferrocarril, el club se transformó en epicentro de un barrio de clase media. Era la institución vertebral de una zona urbana en expansión. Pese a que la sección de fútbol está presente en la fundación de la liga profesional en 1931, Ferro será fuerte en otros deportes como el balonmano o, en especial, el baloncesto.

Fundador de ambas ligas y laureado por igual, era la sección de baloncesto liderada por el técnico León Najnudel la que había dado prestigio y proyección a Ferro; la que aglutinaba al barrio y simbolizaba el orgullo de pertenencia. Eso era lo que Leyden quería para el equipo de fútbol; y Griguol lo entendió a la primera.

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Con su gorra y su aspecto de tío de cualquiera o de padre severo pero tierno, Griguol se convirtió en Ferro y rehízo al Verdolaga a su imagen. En los 60 había sido volante de Atlanta y Rosario Central, donde se retiró para convertirse de inmediato en primer entrenador. Entre el 71 y el 73 ya había desafiado al orden establecido con un equipo campeón al que bautizaron como Los picapedreros. Después había dado vueltas sin encontrar lugar entre Tecos de Guadalajara, Central y Kimberley hasta la llamada de Leyden y Ferro.

Griguol, como lo será su Ferro, parecía menos de lo que era. Bajo su aspecto se escondía un entrenador sofisticado, donde convivía el padre y el profesor, el estudioso y el zorro. Intuitivo y riguroso por igual, conocía a los jugadores como a la palma de su mismísima mano, pero también conocía el juego y al contrario que otros técnicos argentinos ni se había quedado estancado, ni se había enredado en batallas pírricas. Najnudel se convirtió en su guía en el club y de su trabajo táctico entresacó todo lo que pudo.

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De la sección de baloncesto no solo se llevó conceptos, sino también al preparador físico Luis María Bonini, luego colaborador de Marcelo Bielsa durante veinte años, entre Newell’s y Athletic de Bilbao.

Ferro se modernizó en el primer quinquenio de los 80 mientras los grandes imponían los Promedios (o los Promiedos, como los rebautizó la afición) para así intentar garantizarse la presencia en la 1ª. Boca y River (que en los 2000 llegará a descender) lo consiguieron, no así San Lorenzo y Racing. Independiente, en cambio, vive una de sus grande épocas cosido a la bota sabia de Bochini. Frente a ellos, las apariciones rebeldes de Argentinos Juniors, Quilmes, Estudiantes y, claro, Ferro.

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En el 81 quedará subcampeón tanto del Nacional como del Metropolitano. En el 82 derrotará a Quilmes en la final del Nacional saliendo campeón invicto. En el 83 será tercero del metropolitano y en el 84 campeón del Nacional y subcampeón del Metropolitano tras perder contra Argentinos Juniors.

Ferro se hizo la casa de los jugadores. Y la casa se la respeta. Concentraciones, trabajo, sistematización, humildad. Como en el Liverpool de Bill Shankly, la ostentación estaba censurada. El jugador era otro del barrio. Uno al que miraban, uno que significaba algo. Las casa, los coches… todo pasaba por ese filtro. Griguol les metía en la cabeza que no ganaban tanto como pensaban, que había que vivir despacio y simple y pensar más allá de mañana como hacía la gente que les animaba cada partido.

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En el 83, Griguol había perdido a su mano derecha en el campo. El 5 de Ferro, la camiseta encarnada en jugador, Cacho Saccardi, se lesiona en una rodilla y debe retirarse del juego para siempre. La depresión del equipo se refleja en un año decepcionante. La fuerza del mismo en la resurrección del curso siguiente. Creyentes en la fuerza del grupo, Ferro se sobrepone. Saccardi había regresado a Ferro tras un paso por el Hércules sin nada que contar y  fue el ejemplo para los demás. Su imagen con la cabeza abierta se transformó en icono de la grada. Sangre sobre la camiseta verde.

Ferro no andaba sobrado de figuras, pero tampoco era un equipo de cualquieras. Garré, su lateral izquierdo sería campeón en México 86 y el centro de la defensa era impenetrable con Marchesini y Cúper, quien además era el ariete de las jugas de estrategia, el arma más demoledora de Ferro. Griguol cogió a todos con el pie cambiado en el fútbol de pizarra. Sus ataques de diseño eran imparables y hablan de un equipo complejo, lejos del antirrelato de los medios.

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El ruso Nuremberg, un clásico volante de ida y vuelta, Brandoni o el goleador paraguayo Cañete eran otros de los nombres importantes de una escuadra mecanizada que rodeaba el individuo singular: Beto Márcico.

Márcico es, literalmente, el jugador de la calle. Griguol lo ve jugar en un potrero y lo ficha de inmediato. De inmediato, también, le demuestra que el campo grande no es lo mismo que la calle y empieza  a construirlo como jugador de fútbol. Marcico, genio modesto, se deja modelar hasta convertirse en la gota de magia, en lo inesperado del fútbol artesano de Ferro.

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El Beto Mágico, como lo rebautizará Víctor Hugo Morales, es el Maradona del oeste, el gran diez de su generación siempre postergado que triunfará en Toulouse y regresará a Argentina para juagar en Boca Juniors y levantar tres títulos. A punto de retirarse 1996, Griguol lo llama desde Gimnasia y Esgrima. Márcico, leal, jugó allí dos años y fue subcampeón del Clausura tras Vélez.

El trabajo con Márcico ejemplifica el ascendente de Griguol en Ferro. Los jugadores le veneraban. Había establecido con ellos y respecto al club un vínculo indestructible de pertenencia; un orgullo y una responsabilidad. Dice el propio Márcico que sentían que al viejo no le podían fallar. Griguol conducía y se conducía con sencillez.

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El disfraz le servía para ello. Inculcaba en todo un sentido profundo del oficio, del ser profesional. Solidaridad, limpieza, orden. Los jugadores eran castigados por las tarjetas que recibía, por perder tiempo, por protestar al árbitro…Griguol odiaba los atajos. Y el fútbol argentino está lleno de ellos. Su idea era que los jugadores eran ejemplos los unos para los otros.

El juego honrado de Ferro reflejaba el ideario de Griguol y su doble vertiente: la astucia y la elaboración. Con un trabajo de fondo, físico y táctico, superior al resto de equipos, Ferro llegó a domesticar el juego. No era un equipo defensivo, era uno que defendía bien: lejos de la portería propia. Era un bloque acorazado que se desplegaba a toda velocidad. Estaba construido para el contragolpe, lo cual le hacía temible como visitante, pero no defendía abajo, sino en todo el campo. Dominador desde el espacio, Ferro aceleraba y ralentizaba a voluntad. Era una tela de araña, elástica y elegante.

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Esa final del año 84 la obra maestra de Griguol. Ferro jugaba solo, de memoria, todos para todos y cada uno para el de al lado. La camiseta, la cancha, el barrio. El equipo más odiado de Argentina. Ferro no tenía relato, su fútbol austero no admitía la hipérbole de la crónica literaria argentina. Ganaba porque jugaba mejor; no porque lo fuese, sino porque lo jugaba. Ferro era lo que hacía. La palabra y el gesto eran lo mismo; sin revés, sin doblez.

No sabían cómo contar aquel equipo sobrio en el fútbol dual de la época. ¿Dónde quedaba Ferro entre los poetas y los asesinos? Ni era romántico ni era ventajista. Era una tercera vía entre el Huracán de Menotti y el Estudiantes de La Plata de Bilardo. Ni lírico, ni áspero. En el contexto del fútbol argentino de la primera mitad de los 80 aquello no podía ser más contracultural. Entre esos extremos, por la vereda de en medio, se coló Griguol instaurando una cátedra que recogerán Bielsa, Cúper, Sampaoli o Berizzo. Un fútbol del sudor colectivo. Un juego basado en la honestidad.

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Ferro era así el contrapoder. No solo enfrentaba al equipo grande, sino también a la maquinaria propagandística. Esa misma que había abrazado a Argentinos Juniors, el equipo de Maradona, el pequeño simpático, como la única alternativa legítima. La prensa odiaba a Griguol y su Ferro porque era el invitado indeseado. No vendía. No era comercial. Lo decretaron el antifútbol.

Cantaba la grada de “El Templo: “Dicen que somos un equipo aburrido/que jugamos la pelota para atrás/me chupa un güevo todo el periodismo/a Caballito cada vez lo quiero más”.

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El Clásico de Villa Crespo

Villa Crespo es un barrio de la ciudad de Buenos Aires (Argentina) que actualmente tiene cerca de 90.000 habitantes. Su nombre proviene del apellido del intendente municipal Antonio F. Crespo, quien apadrinó la instalación de una importante curtiembre (taller donde se curten y trabajan las pieles) que se hallaba entre las zonas bonaerenses de Canning, Warnes y el arroyo Maldonado.

Él colocó la piedra fundamental, y como ese negocio fue muy auspicioso, los fabricantes de calzado comenzaron a llamar al lugar “Villa Crespo”. Está delimitado por las avenidas y calles San Martín, Angel Gallardo, Estado de Israel, Córdoba, las vías del ferrocarril Gral San Martín, Dorrego y Paysandú.

El Clásico de Villa Crespo

Hay varias palabras que surgen espontáneamente al evocar el barrio de Villa Crespo, y ellas son el Conventillo, el Tango y la particularidad de sus inmigrantes, especialmente los de la colectividad judía.

El primer Conventillo fue el de las calles Gurruchaga y Padilla. Lo edificó la Fábrica Nacional del Calzado, construido con cuartos y cocinas de madera para que en él vivieran sus obreros. Lentamente se fue incrementando hasta constituir la primera población de familias, hasta que se convirtió en el símbolo más característico del barrio, inspirador de muchos de los sainetes criollos típicos de Argentina.

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Ese Conventillo, llamado “Conventillo Nacional”; tenía 112 habitaciones. En él vivían inmigrantes en su mayoría españoles, italianos y judíos quienes mezclados con algunos árabes y criollos armaban tertulias y bailes donde nunca faltaban los amoríos y las peleas, que a veces terminaban con la muerte de alguno de ellos.

En cuanto a los inmigrantes, los italianos fueron los más numerosos y los primeros en llegar. Más tarde y en menor cantidad llegaron los españoles, sobre todo los vascos, casi todos ellos trabajaban en alfalfares, hornos de ladrillos y en los cafés del barrio. Árabes, judíos, griegos, y últimamente japoneses y coreanos, compartieron y comparten el lugar.

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Los judíos forman la comunidad mayoritaria del barrio, pero dentro de ellos están divididos de acuerdo a los diferentes lugares desde donde provienen. Así una parte del barrio es llamada “Villa Kreplaj”, que son los provenientes, después de la Primera Guerra Mundial de Rusia, Ucrania y Polonia. También los sefardíes colaboraron con su aporte cultural dentro de la comunidad judía.

El Clásico de Villa Crespo es la denominación del partido de fútbol argentino que enfrenta a Atlanta (apodados Los Bohemios) y a Chacarita Juniors (apodados Los Funebreros) ambos de Villa Crespo (aunque el estadio de Chacarita se encuentra actualmente en la localidad de Villa Maipú).  Atlanta-Chacarita Juniors es uno de los clásicos más tradicionales del fútbol de Argentina: con 122 partidos oficiales de Primera División, este enfrentamiento se remonta al año 1927.

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Durante más de dos décadas (entre 1924 y 1944) compartieron una muy cercana vecindad que derivó en una rivalidad deportiva. Sus estadios estaban casi pegados (el de Atlanta estaba en la calle Humboldt 470 y el de Chacarita en el 345 de la misma calle), separadas apenas por una mediana.

El primer enfrentamiento oficial ocurrió el 13 de noviembre de 1927 siendo 2 a 0 el resultado a favor de Los Funebreros. Atlanta logró su primer victoria en 1930: 1 a 0 de visitante. El primer encuentro del profesionalismo lo ganó El Bohemio. El partido se disputó el 4 de junio de 1931 finalizando el partido 3 a 1, siendo los goleadores del vencedor José María Casullo y Guido Baztarrica.

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El Club Atlético Atlanta es una institución social y deportiva argentina, radicada en el barrio de Villa Crespo, Buenos Aires. Actualmente se desempeña, en la Primera B Metropolitana, tercera categoría del fútbol argentino.

El Club Atlético Atlanta fue fundado el 12 de octubre de 1904, fecha escogida con motivo del Día de la raza, en la casa del comerciante Elías Sanz ubicada en calle Alsina 1119, zona de Constitución.

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En dicha reunión se acordó bautizar al club como Atlanta Athletic Club, en torno a esta elección existen varias teorías, por un lado, se afirma que esta habría surgido en conmemoración al terremoto ocurrido en la homónima ciudad de Estados Unidos unos meses antes de la fecha de fundación del club, mientras que otra versión apunta a que el nombre provendría de un barco de guerra también estadounidense que habría arribado al puerto de Buenos Aires con motivo de la proclamación de Manuel Quintana como presidente de la República Argentina.

Los colores del club, amarillo y azul, en tanto fueron escogidos en referencia a los colores de los toldos que cubrían los negocios comerciales en la época. Así pues, estos se vieron reflejados tanto en el escudo de la institución como en la indumentaria deportiva.

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El primer campo de juego del club se ubicó en Juan B. Alberdi y Escalada en el barrio de Villa Luro, sin embargo, Atlanta permaneció muy poco tiempo en aquel sitio, ya que, a causa principalmente de las dificultades económicas, cambió de terreno en diversas oportunidades. Lo anterior le valió ganarse el apodo de Los Bohemios, por el cual se identifica tanto a los aficionados como a los futbolistas del club hasta la actualidad.

Comenzó su participación futbolística en 1906, año en el que se afilió a la Tercera División de la Argentine Football Association. En 1907 se inscribió en Segunda División, obteniendo el ascenso a la máxima categoría en 1912. Fue uno de los clubes fundadores de la Liga Argentina de Football en 1931 y hasta 1984 participó en 45 temporadas de la Primera División del fútbol profesional argentino.

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A lo largo de su historia, considerando tanto su etapa amateur como profesional, ha logrado, en diferentes categorías, 7 títulos oficiales (5 campeonatos locales de Segunda y Tercera División y 2 copas nacionales). Con la obtención de la Copa Suecia en 1960 se convirtió en el segundo club de la Capital Federal, fuera de los cinco grandes del fútbol argentino, en obtener un torneo profesional organizado por la AFA entre clubes de Primera División.

Si bien su actividad principal es el fútbol, el club posee varias secciones deportivas entre las que destacan el fútbol sala, el kárate y el boxeo, entre otros.

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El Club Atlético Chacarita Juniors es un club deportivo de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, que fue fundado el 1 de mayo de 1906 por un grupo de socialistas. El fútbol es su disciplina más destacada y su equipo jugó en la Primera B Metropolitana en 2014, donde obtuvo el ascenso a la segunda división del fútbol argentino al finalizar como líder de la zona A.

Su historia nace el 1 de mayo de 1906 cuando un grupo de amigos fundaba el Club Atlético Chacarita Juniors en el local de la 17.ª sección del Partido Socialista, ubicada en las esquina de Dorrego y Giribone (hoy Córdoba). Su nombre no trae muchos secretos, ya que el Chacarita es por el barrio y el Juniors, en alusión a la juventud que era la que le había dado vida al hoy Tricolor (otro de los apodos del club). Sus colores, el rojo, el blanco y el negro, también tienen su origen.

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Se escogió al rojo por el socialismo, al cual estaban vinculados todos los miembros fundadores. El blanco se escogió por la pureza de sus miembros y el negro por la cercanía del cementerio. Un día después de la fundación, quedó registrado el nombre de Chacarita Juniors, y se conformó la primera Comisión Directiva, dirigida por Máximo Lema, el primer presidente de la historia del club.

Disputó 60 temporadas en la Primera División Argentina (6 en la era amateur y 54 en el profesionalismo), de las cuales logró adjudicarse el Torneo Metropolitano de 1969, cabe destacar que en la Primera División Argentina tan solo 17 equipos han tenido la gloria de ser campeones profesionales. También jugó en la década de los años 80 en la Primera “C”, categoría no profesional del fútbol argentino.

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Como señalamos, el denominado “Clásico de Villa Crespo” es uno de los clásicos más tradicionales del fútbol argentino. La rivalidad tiene sus orígenes en la cercanía de los estadios de ambos clubes, la cual comenzó en 1922, luego de que Chacarita se instalase en Humboldt 345, donde permaneció hasta 1930, a cerca de 100 metros del estadio de Atlanta.

Si bien Chacarita se mudó desde Villa Crespo al partido de General San Martín en 1945, la rivalidad con Atlanta trascendió en el tiempo debido a que su clásico rival lo echó del barrio construyendo, luego, su propia cancha en el mismo sitio donde anteriormente estaba ubicado el estadio funebrero.

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En el apartado de las hinchadas de ambos clubes, las barras bravas de Atlanta se llaman La Cueva y La Loza. La barra brava de Chacarita Juniors es conocida como La Famosa Banda de San Martín.

Vídeo-resumen de un “Clásico de Villa Crespo” disputado en marzo de 1997 en donde se puede apreciar el impresionante ambiente de este clásico argentino;

“El Templo”, Buenos Aires

El barrio de Caballito se encuentra en el centro geográfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la capital de Argentina, y tiene una población total de 176.076 habitantes. Caballito es uno de los barrios con mayor población de la Capital Federal, y el segundo más densamente poblado, solamente por detrás del barrio de la Recoleta.

A medida que Buenos Aires comenzó a expandirse desde el casco fundacional hacia el oeste, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la zona que ya era conocida por la “Pulpería (nombre con el que se conocía a los bares en aquella época) del Caballito” fue poblándose y urbanizándose. Pero el gran impulso para el lugar llegó luego de la construcción del Ferrocarril del Oeste, la primera vía tendida en Buenos Aires e inaugurada en 1857 conectando un corto trayecto desde la actual Plaza Lavalle hasta la estación de Floresta, pero que en pocos años se extendería hacia el interior de la Provincia de Buenos Aires.

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Las clases altas porteñas tenían sus fincas de descanso en esta zona aún suburbana, que llegaba hasta el pueblo de San José de Flores, hoy barrio de Flores, y utilizaban el ferrocarril para trasladarse desde sus casonas en el centro en los fines de semana. Pero con el paso de los años y las corrientes migratorias que llegaron desde toda Europa, especialmente después de 1880, el barrio acentuó su urbanización y las fincas fueron desapareciendo, loteadas para su venta como terrenos para edificar.

En la primera mitad del siglo XX, Caballito se definió como un barrio de clase media y media-alta, con algunas excepcionales mansiones de la burguesía comercial que había llegado con la misma inmigración europea, como el Palacio Carú, y otras residencias aristocráticas más patricias, como el Palacio Videla Dorna (luego Escuela Naval Militar).

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El Club Ferro Carril Oeste es una entidad civil centenaria, fundado el 28 de julio de 1904, se ubica desde siempre en el barrio porteño de Caballito, Buenos Aires. El fútbol profesional es su disciplina más relevante, habiendo ganado en su época dorada 2 campeonatos nacionales oficiales dePrimera División, más otros 3 Subcampeonatos Oficiales, sumándole otros 6 títulos de la Segunda División.

Ferro Carril Oeste compite actualmente en la Primera B Nacional, segunda categoría del fútbol argentino. Es uno de los clubes más tradicionales e históricos desde las primeras épocas del Amateurismo del Fútbol Argentino, fue uno de los clubes fundadores de la Liga Argentina de Football en 1931 y hasta el año 2000 inclusive participó en 63 temporadas de la Primera División del fútbol profesional argentino, siendo el duódecimo en la tabla histórica general con más de 2.300 partidos disputados de la Primera División A. Disputa con el Club Atlético Vélez Sarsfield el llamado “Clásico del Oeste”.

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El Estadio Arquitecto Ricardo Etcheverri ubicado en el barrio de Caballito de Buenos Aires es el campo que pertenece al Club Ferro Carril Oeste. El nombre de Arquitecto Ricardo Etcheverri fue oficializado en 1995 en homenaje a quien fuera vicepresidente del Club por más de 30 años. Además, por ser, en la actualidad de los pocos estadios con tribunas de madera que quedan en Argentina, también es conocido como “El Templo de Madera” o simplemente “El Templo”, apodo este último que es el más utilizado por la hinchada del “Verdolaga” (uno de los sobrenombres del club).

“El Templo” fue construido en un terreno cedido por el gerente de la entonces compañía Ferro Carril Oeste (actual Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento) en 1905 y en un principio sólo tuvo baño, una caseta y alambrado, ese mismo año la institución (por entonces dependiente y administrada por el Ferro Carril Oeste) reunió el dinero suficiente para construir la primera tribuna (hecha de madera y zinc). En el año 1931 un incendio destruyó completamente esta tribuna que debió ser reconstruida.

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Un hecho curioso es que, dado el amateurismo que reinaba en la época en el ambiente futbolístico, el Club debió cambiar a algunos de sus jugadores por materiales para construir la tribuna. Así Federici fue transferido al Club Atlético Huracán a cambio de algunas chapas de zinc y Arcadio López (quien tiempo antes fuera convocado para integrar el plantel de la Selección Argentina) fue cedido en 1938 a Boca Juniors por la tribuna que actualmente se emplaza sobre la calle Martín de Gainza (el pase del jugador era de 25.000 pesos). Es el estadio más antiguo de la Argentina (entre los clubes de fútbol directamente afiliados a la AFA).

En 1971 se presentó la remodelación del estadio, con un nueva tribuna de cemento en la cabecera Sur, con su techado parabólico curvo. Debajo de ésta, se encuentra el Estadio-Gimnasio cerrado “Héctor Etchart”, escenario de diversas actividades deportivas, con el baloncesto y el voleibol como abanderados.

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Hubo varios intentos de construir un nuevo estadio para Ferro, como llevar la cancha a Morón para que se construyera la terminal de ómnibus de Primera Junta. Nada de eso finalmente ocurrió. Pese a la complicada situación financiera del Club, en la actualidad existen varios proyectos para remodelar por completo el Estadio y transformarlo en una estructura íntegramente de cemento, con la posibilidad de ubicar a todos los espectadores sentados, tal como establece las dañinas reglas de la FIFA.

Uno de estos proyectos ha comenzado a ejecutarse en febrero del 2013 con la construcción de la Nueva tribuna visitante íntegramente construida de cemento con una capacidad para 5.000 espectadores sentados en su primer etapa, para incrementarse en una segunda etapa hasta alcanzar los 8.000 espectadores sentados.

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El Club Ferro Carril Oeste ha conseguido dos títulos de la Primera División Argentina (los torneos de los años 1982 y 1984 del inolvidable Ferro campeón de Griguol). En ambos campeonatos “El Templo” fue un hervidero de hinchas del “Oeste” (otro de los apodos del club y el más utilizado por su afición). La parte de la hinchada más animosa de Ferro es la barra llamada “La Banda 100% Caballito”, la cual se ubica en la Sector Cacho Saccardi, en la Tribuna Popular Oeste,  de “El Templo”.

Vídeo de la hinchada del Club Ferro Carril Oeste en el Estadio Arquitecto Ricardo Etcheverri del barrio bonaerense de Caballito. El estadio conocido entre su hinchada como “El Templo”;

Club Atlético Nueva Chicago

Mataderos es un barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, capital de Argentina, ubicado en su límite oeste. Es exactamente el punto en que por largo tiempo convivieron el campo y la ciudad, ya que allí se instaló, en 1899, el matadero de ganado vacuno bonaerense. En ese establecimiento, se faenaban las reses destinadas al consumo interno y a la exportación. Cuando el barrio comenzó a poblarse con trabajadores atraídos por la nueva actividad, fue llamado “la Nueva Chicago”, en alusión a la ciudad estadounidense, centro americano de la industria de la carne.

Mataderos es hoy una zona industrial de casas bajas, con tránsito pesado, y aunque cerraron los mataderos y sus corrales, se reverencia allí el pasado en el que se mezclaban en sus calles los gauchos que arreaban el ganado y los trabajadores urbanos. Actualmente el barrio porteño de Mataderos tiene una población de 64.932 habitantes.

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El Club Atlético Nueva Chicago es la institución deportiva del barrio de Mataderos. Su principal actividad es el fútbol profesional y actualmente se desempeña en la Primera B Metropolitana (la Segunda “B” española). Participó en la Liga Superior del Fútbol Argentino desde 1913. En su historia logró dos ascensos a primera división en el amateurismo (1919 y 1930) y tres durante el profesionalismo (1981, 2001 y 2006). Obtuvo dos subcampeonatos de liga de Primera División A en 1925 y 1933. Su máximo logro fue haberse consagrado campeón de la Copa de Competencia Jockey Club de Primera División en 1933. Título válido como copa nacional disputado en la época del amateurismo.

Fue fundado el 1 de julio de 1911 por un grupo de jóvenes de entre 15 y 20 años (ocho Amigos se juntaron con la intención de crear un equipo de fútbol al cual llamaron “Los Unidos de Nueva Chicago”, quienes también eligieron los colores verde y negro como representativos de la naciente institución). Adoptó su nombre por el barrio en el cual se fundó (Nueva Chicago, original denominación para el barrio de Mataderos).

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En 1933 el fútbol Argentino estaba dividido en dos, por un lado la Liga Argentina y por el otro la Asociación Argentina. En esta última es en donde participaba Nueva Chicago en la Primera División A. Para 1933 la Asociación Argentina organizó dos torneos de Primera División A. El primero se desarrolló con los 20 equipos en una sola ronda de ida (19 jornadas), donde el campeón fue Sportivo Dock Sud, segundo Nueva Chicago y tercero Banfield.

En paralelo, el otro torneo organizado llevó como nombre Copa Competencia Jockey Club (tradicional torneo que se disputaba desde 1907) ese torneo fue jugado por los 20 equipos de primera A exclusivamente, con un formato de fase de grupos, semifinal y final. La asociación Argentina era la única entidad nacional reconocida por la FIFA en aquel entonces, ya que la Liga Argentina era considerada una entidad disidente sin representatividad en la casa madre del fútbol mundial. En noviembre de 1934 las dos entidades se fusionaron y dieron origen a la actual A.F.A. (Asociación de Fútbol Argentina).

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El último partido de la historia de la Copa de Competencia Jockey Club tuvo como protagonistas a Banfield y Nueva Chicago. Ambos equipos se enfrentaron en la vieja cancha de Almagro en Parque Chas en la tarde del 24 de diciembre de 1933 y “El Verdinegro” (uno de los apodos de Nueva Chicago), con gol de Florentino Vargas a los 39 minutos del primer tiempo tras asistencia de Jose Noguera supo adjudicarse su primer y único título de copa nacional de la Primera División disputado en la era amateur.

Para la temporada de 1919 la división Intermedia (segunda división) estaba dividida en tres regiones, Norte, Oeste y Sud. Siendo Nueva Chicago integrante del grupo Oeste. En 1920, Nueva Chicago, mediante una buena campaña (incluyendo en la quinta jornada una victoria en Mataderos por 6 a 0 a All Boys, el eterno rival), se posicionó segundo del grupo Oeste apenas un punto por debajo de Del Plata y tres puntos por arriba de All Boys, inmediato perseguidor en la tercera posición, golpeando así por primera vez las puertas de la Primera A.

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En la Segunda División de 1930, que en esa época era llamada Primera B, había terminado con triple empate entre Nueva Chicago, Temperley y All Boys en el primer puesto. Por lo que el consejo directivo de la asociación decidió que se disputara un triangular a ida y vuelta en campo neutral para determinar quien sería el campeón y su consecuente ascenso a Primera A. En la primera ganó “El Torito” (otro de los apodos del club) frente a Temperley 3 a 1 en el estadio de Boca Juniors y empató 1 a 1 con All Boys en Sportivo Barracas, mientras que Temperley venció 1 a 0 a All Boys en el viejo estadio de Independiente.

En la segunda ronda una nueva victoria de Nueva Chicago 3 a 0 frente a Temperley en el viejo estadio de Independiente y luego la victoria de los de Floresta (All Boys) ante Temperley por 2 a 1 en el viejo estadio de Independiente dejó al “Torito” en situación de enfrentarse a All Boys en una final con la posibilidad de vencerlos y ser campeones. Una victoria de All Boys le daba la oportunidad de ganar el título en la última jornada ante “el Gasolero” (apodo de Temperley). Aquel partido se disputaría en la vieja cancha de River Plate en Alvear y Tagle, el 28 de diciembre de 1930 ante un estadio lleno con 15.000 personas, donde más de 10.000 pertenecían a la parcialidad verdinegra. El partido finalizó 3 a 1 a favor de los de Mataderos y así logró el ascenso.

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Ya en la época del profesionalismo, Nueva Chicago conseguiría el ascenso por primera vez a la Primera División del fútbol argentino en 1981. 50 años después del último ascenso a Primera del “Verdinegro”. En todo el torneo consigue ganar 22 partidos, empatar 14, perdiendo solo 6, por lo que pudo obtener 66 goles a favor y le hicieron 40 en contra, con un total de 58 puntos al finalizar el torneo. El 12 de diciembre de 1981 se jugaba el último partido del ascenso, contra el Deportivo Español, fecha que jamás se podrá olvidar, la hazaña que quedará grabada permanentemente en la historia del club, los jugadores dando la vuelta olímpica acompañados por la multitud. La ilusión se había hecho realidad, la puerta del fútbol grande se había abierto para dejar pasar al aspirante de Mataderos.

El segundo ascenso a la Primera División se produjo en 2001 en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba, frente a Instituto de Córdoba, tras derrotarlo por 3 a 2 con goles de Oscar Gómez (2) y “Pocholo” Sánchez. En el Estadio Chateau Carreras se encontraban casi 10.000 hinchas de Mataderos, que festejaron la vuelta olímpica conseguida con coraje, que también fue aplaudida por los cordobeses. De visitante, con diez hombres durante todo un tiempo, con un juego inteligente y solidario, los hombres conducidos por la dupla Traverso/Vega lograron la hazaña de volver a la Primera División del Fútbol Argentino.

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El 13 de mayo de ese año, “El Verdinegro” obtuvo el Torneo Clausura de la Primera B Nacional frente a Talleres de Córdoba en el Estadio Chateau Carreras. Por coronarse campeón del Clausura accedió a disputar la final por el primer ascenso frente a Godoy Cruz de Mendoza. El partido de ida frente al “Tomba” se jugó en Mataderos con un muy polémico arbitraje de Pablo Lunati, el encuentro que terminó empatado 1-1 con gol de Federico Higuaín (el hermano mayor del “Pipa” Higuaín, actual jugador del Napoli)). En el segundo partido, con arbitraje de Gabriel Favale, Chicago empató 1 a 1 en los 90 reglamentarios, con gol de César Carranza. Por lo tanto hubo prórroga y con victoria final por 3 a 1 para Godoy Cruz. Tras perder la Final por el Primer Ascenso accedía inmediatamente a una nueva oportunidad, esta vez frente a Belgrano de Córdoba.

En el primer encuentro, en Caballito (estadio de Ferro Carril Oeste) y bajo el arbitraje de Juan Pablo Pompei, “El Torito” ganó por 3-1 con goles de Federico Higuaín, César Carranza y Lucas Simón. El partido de vuelta se disputó en el Estadio Chateau Carreras, mismo lugar en donde 14 días antes había conseguido el Torneo Clausura de la B Nacional. “El Torito” remontó un resultado adverso de 0-3 para alcanzar un empate antológico en tiempo suplementario que le permitió volver a la Primera División de Argentina, de donde se había ido a mediados de 2004. Este fue el último ascenso del “Torito de Mataderos”. La última temporada en Primera División fue la 2006-2007, desde entonces ha estado entre la Primera B Nacional y la Primera B Metropolitana.

En total el Club Atlético Nueva Chicago ha jugado 17 temporadas en la máxima división argentina (11 temporadas en la época del amauterismo que va desde 1913 a 1934, y 6 en la época del profesionalismo, que abarca desde 1934 hasta hoy).

La Barra de Chicago

El Estadio “República de Mataderos” está situado en el barrio de Mataderos de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. En él juega como local sus encuentros el Club Atlético Nueva Chicago. El estadio se inauguró el 27 de octubre de 1940, disputándose un encuentro entre Nueva Chicago y el Sportivo Buenos Aires, correspondiente al campeonato oficial de tercera categoría de la Asociación del Fútbol Argentino. El resultado final favoreció a Nueva Chicago por 2-0 con goles de Lomiento y Garmendia y el árbitro fue Luis Montalviti. Actualmente tiene una capacidad de 23.000 espectadores.

El protagonismo de la animación dentro de la hinchada de “El Torito” la lleva la barra brava de “Los Perales”, llamada así por situarse en la tribuna del Estadio República de Mataderos del mismo nombre, y que a su vez se la denominó así por estar a su espalda la zona de “Los Perales” del barrio de Mataderos. El eterno rival de Nueva Chicago es el equipo porteño de All Boys, cuya sede se encuentra en el barrio de Floresta (40.000 habitantes), situado este, también, en el oeste de la ciudad de Buenos Aires.

Vídeo de la hinchada verdinegra en el Estadio “República de Mataderos”, el feudo del Club Atlético Nueva Chicago;

“El Palacio”, Buenos Aires

Parque Patricios es un barrio del sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, capital de Argentina, que toma su nombre del parque que se encuentra ubicado en él. Este barrio cuenta con varios parques públicos, lo que conforma uno de los más importantes pulmones del ámbito bonaerense. Este barrio es la sede de uno de los equipos con más tradición de la ciudad porteña, el Club Atlético Huracán, de hecho, para muchos, es considerado el “Sexto Grande de Argentina” (disputándose este honor con el Club Atlético Vélez Sarsfield). El Huracán de Parque Patricios es conocido con el apodo de “El Globo” o “El Globito”.

“El Palacio” es el sobrenombre que recibe el estadio del Club Atlético Huracán, cuyo nombre oficial es Estadio Tomás Adolfo Ducó. Está ubicado en el barrio de Parque Patricios, en la Ciudad de Buenos Aires y cuenta con una capacidad de 48.000 espectadores.

Escudo Huracán

Desde su fundación, Huracán tuvo su campo en cuatro lugares distintos. El primero estaba ubicado en Cachí y Traful, en la Estación Pompeya. Luego obtuvo en préstamo un terreno en la calle de la Arena, hoy llamada Almafuerte, que fue usado durante 1912 y 1913. Entre 1914 y 1923, se mudó a la Avenida La Plata y Chiclana en el barrio de Pompeya. Finalmente, Huracán emplazó su campo en la Av. Alcorta y Luna, y jugó su primer partido en ese lugar el 17 de agosto de 1924, venciendo en un amistoso a Colón de Santa Fe.

Ese estadio, dotado de amplias tribunas de madera, tenía una capacidad para 12.000 personas. En dicho campo “El Globo” se consagraría campeón obteniendo los títulos de los torneos de 1925 y de 1928. Allí jugó hasta el 22 de noviembre de 1942, momento en que se cerró para dar comienzo a la construcción del actual. Mientras tanto, utilizó las canchas del Club Ferro Carril Oeste y de San Lorenzo de Almagro. El histórico rival de Huracán es San Lorenzo, y ambos clubes disputan uno de los clásicos más característicos del país, abonado por la cercanía geográfica de las dos instituciones, que los hacen representativos de los barrios de la zona sur de la ciudad, emparentados estos con la esencia de la porteñidad.

Tomás Adolfo Duco

Un nuevo estadio, conocido en un principio como Jorge Newbery, abrió sus puertas el 7 de septiembre de 1947, frente a Boca Juniors, y fue inaugurado oficialmente el 11 de noviembre de 1949, ganándose el apodo de “El Palacio”, cuarto estadio de cemento construido en Argentina, después de los de Independiente, River Plate y Boca Juniors. Al inaugurarse con capacidad superior a 100.000 personas, era el más grande de Sudamérica entonces.

El 23 de septiembre de 1967, el estadio, fue rebautizado con su actual nombre en honor al Teniente Coronel Tomás Adolfo Ducó, el que fuera presidente, en varias oportunidades entre 1938 y 1955, más trascendente de la historia del club y principal impulsor de su construcción. En el año 1977, el estadio fue remodelado, con la construcción de palcos y cabinas de transmisión, más cómodas y de mejor ubicación, en el sector de la platea Alcorta.

Huracán Metropolitano 73

En toda su historia Huracán se consagró campeón de la Primera División en cinco oportunidades: 1921, 1922, 1925, 1928 y 1973, y a su vez, obtuvo 6 copas nacionales oficiales de AFA. Por lo que “El Palacio” solo ha acogido el último campeonato argentino conseguido por “El Globo”. Hablamos del Torneo Metropolitano de 1973 conquistado por el Club Atlético Huracán.

Aquel equipo contaba como director técnico con César Luis Menotti (que había llegado al puesto en el año 1971), y que desembocó en el gran equipo, que se consagró campeón el 16 de septiembre de 1973, cuya formación quedó en la memoria de todo hincha “Quemero”: Héctor Roganti, Nelson Chabay, Daniel Buglione, Alfio Basile, Jorge Carrascosa, Miguel Brindisi, Francisco Russo, Carlos Babington, René Houseman, Roque Avallay y Omar Larrosa. Huracán ganó el Torneo Metropolitano y quedó grabado para siempre en las páginas de oro de la historia del fútbol argentino. Los diarios y revistas argentinas titulaban por aquellas fechas: “Parque de los Patricios, palacio del gol”.

Estadio de Huracán

“El Palacio” es la casa de los hinchas de Huracán, los cuales son conocidos popularmente con el nombre de “Quemeros”. Este mote, originalmente con un tinte despectivo, hace referencia a que, desde 1871 y hasta bien entrado el siglo XX, se realizaba en terrenos aledaños al estadio la disolución de los residuos sólidos de la ciudad, mediante su incineración, de ahí que el lugar era conocido como “La Quema”, y se llamaba “quemeros” a aquellos que revolvían la basura en busca de elementos de valor comercial, para su recuperación.

Dentro de los hinchas “Quemeros” el grupo, o la barra, referente es la conocida como “La Banda de la Quema” que actualmente está compuesta por 3 facciones: “La José C. Paz”, “Los Pibes del Fondo”, y por gente de Soldati, Pagola y Barracas. Estos grupos se sitúan en la llamada Popular Local “Ringo Bonavena” del estadio de “El Palacio”, zona donde siempre se llenan todas las localidades.

La Banda de la Quema

Los barrios bonaerenses con mayor tradición de aficionados “Quemeros” son los de Parque Patricios (40.885 habitantes), Nueva Pompeya (63.276 habitantes), Barracas (77.474 habitantes), Villa Soldati (41.228 habitantes), Villa Lugano (114.253 habitantes), San Cristóbal (49.986 habitantes) y Constitución (47.102 habitantes). Todos ellos barrios del sur de la Ciudad de Buenos Aires.

Vídeo de la parte de la hinchada más animosa de los “Quemeros”, la que se sitúa en la Popular Local “Ringo Bonavena” de “El Palacio” de Parque Patricios, el estadio del Club Atlético Huracán, el feudo de “El Globo”;